Una pequeña anécdota en el transporte público. (APP 3/3)

Hoy me desperte dormido, como siempre ultimamente, me vestí, me lave y salí.

Con un sol inmundo que me pegaba en los ojos camine a tomar el bondi. A poco de andar sucedió lo maravillosamente inesperado: un estruendo, un explotar de vidrios, una lluvia de vidrios sobre las personas, gritos, un llanto de bebé. Un agudo dolor en mi hombro, una vieja gorda gritando en forma ridícula y rebotando en el pasillo. Pequeños segundos de delicada incertidumbre, pánico contenido, mas llantos de bebé. Mientras escribo esto siento molestias en mi columna y cuello.

Pararse, mirar...
Una mujer con la boca ensangrentada, la gorda todavia tirada en el pasillo con la cabeza metida bajo un asiento, hombres tironeando de la gorda, llanto de bebé. Gente que baja del colectivo chocado mirando hacia todos lados asustada, escapando del accidente buscando recuperar la rutina, su rutina. La rutina a la que nos dirigiamos, que ahora dentro del accidente es una cosa incierta... ¡tememos perder nuestra rutina!.

Reaccionar, caminar...
Quedamos pocos. Los que no están heridos se han escapado a recuperar la rutina, los otros, los lastimados y los solidarios se han quedado: cada uno con su problema. Todavía esta la gorda gritando en el piso. Todavia hay llantos de bebé.
No estoy herido, no seré un solidario, no me interesa mi rutina. Así que salgo del lugar, miro el colectivo (que ha chocado contra otro colectivo, un escolar de color naranja que parece vacío) y camino todavía en shock, todavía mareado. Analizando las mil estúpidas formas en que podría haber sido peor, camino pensando en la suerte, en que como siempre estoy llegando tarde al trabajo, y en que estupidez publicaré esta mañana en un blog que ya no lee nadie.

5 comentarios:

Tánatos dijo...

Veo que nadie en esta anécdota ha logrado escapar ni siquiera de su "rutina de accidente" (también existe rutina en lo casual): los vidrios, como era de esperar, se rompieron; los bebes, como dicta su naturaleza, lloraron y la gorda, obviamente, gritó, histéricamente parece. A lo lejos un poeta petiso intenta en vano escapar del curso ininterrumpido de fatalidades que algunos llaman rutina. Muy buena, triste, pero entretenida anécdota.

Asociación de Poetas Petisos dijo...

Inteligente observación, bellamente escrita. Tánatos, gracias por pasar.

anazul dijo...

yo sí leo....

Tánatos dijo...

Gracias por lo de "inteligente" y (sobretodo) "bellamente escrito", tuve un disparador inteligente y bello también. Es lo menos que podía hacer. Saludos

Sergio Felipe Mattano dijo...

Ah bueno!!
Ahora se puso de moda levantarse minusas por la internés?
...
...
ah, cierto.